
Desde niño llego a casa encendiendo las luces
para buscar mi sitio
El apagador hace clic, toma la instantánea
de donde no pertenezco
Una postal de París comprada en México
Querido:
La Ciudad Luz es oscura
y sus habitantes ponen carpetitas sobre las lámparas
La luz hiere sus ojos.
Desde que llegaron mis hijos no enciendo la luz
para no herir su sueño
Con la claridad de un ciego veo que no hay nada
Si no un camino lleno de accidentes silenciosos.
Héctor Avélica
4 comentarios:
Este poema es elección personal. Situaciones simples que dan atmósferas tan claras. Nos gustaría leer su crítica, en éste y en los otros, para éso es este blog... para tallerear.
Gracias por la foto.
La seguridad es la oscuridad, las búsquedas son a cielo abierto, mientras las certezas se quedan arropadas en un no herir, no lanzarse a la vida, no recordar que la gente en París a esta hora duerme y uno los hace despertar.
Ahora me doy cuenta de algo, releyendo... podrìa ser un cuento...
Què bello poema.
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