“Hermosas manos”, te dije en un tartamudeo. Tú sonreíste: ese día llevabas guantes.
---
No siempre es fácil, pero trato de distinguirme: me siento en el micro con las piernas juntas.
---
La única posibilidad entre tú y yo habría sido fulgurante, caótica, mortal, irrepetible. No rías, pudo ser. Sólo se necesitaba que por un instante tú no fueses tú y yo no fuese yo.
---
Me encantan el láser oxo, un cubito en O… y los anagramas.
---
Gracias te damos, San Julio Torri, por el milagro de una buena frase.
---
En realidad nadie me escribía, ni necesitaba revisar el correo, pero me gustaba robar el ancho de banda de quien lo tenía todo.
---
“No, no me beses”, dijiste leyendo mi mirada. Yo pensé en Borges y su
Unending Gift, pero eso no me consoló.
---
Viditas grises, minúsculas
Desvaídas, iguales a sí mismas
Miran pasar la vida, siempre de lado
Sin molestar, como las flores del campo
Quincalla del mundo, pedacería entrañable
Nada digno puedo ofrecerte
Ni canto ni consuelo
Ni el calor de la redención
Ni la cólera sagrada
Ni la hez de la revancha
Sólo pongo frente a ti mi alma:
Hueca y rota como la tuya
Juntas resonarán
Con su voz peculiar,
Cascada y desapacible
¿Y no es verdad
Que el canto de los grillos
Iguala al de las estrellas?
No esperes en vano
Nadie habrá de levantarte
No hay franciscana mano que te conforte
Muertos entierran a los muertos
En un postrer acto piadoso
Por eso, hermano de discreta voz
Deja que al menos te acompañe
En este trecho final
En un homenaje mínimo, sincero,
Pero tan quedo e inútil
Como la vida